Altos niveles de pobreza, principal característica de mujeres con empleos informales

Por: Redacción Recursos Humanos TV

Economistas del Banco Mundial hacen hincapié en apoyar los negocios liderados por féminas, con el objeto de que haya una reactivación pronta e inclusiva.

El sostenimiento de la economía ha sido de las principales urgencias en el último año, ante el paro inesperado que se presentó en los primeros meses del confinamiento por la pandemia por el Covid-19. Pero esto no frenó la mano de obra de numerosas personas, sobre todo de mujeres que perdieron sus empleos y optaron por adentrarse en el comercio informal, expone el Banco Mundial.

Por su parte, el Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN) destaca que el trabajo de estas mujeres contribuye al día con más de $9 millones a la economía del país. Sin embargo, eso no las exenta de ser parte de la sociedad vulnerable, al alcanzar altos niveles de pobreza.

Para Gabriela Inchauste y Ayslin Isik-Dikmelik, economistas del Banco Mundial, esto se debe a que esta modalidad de trabajo, así como el subempleo y el desempleo, “se asocian con menores niveles de ingresos laborales y mayor probabilidad de que se encuentren en situación de pobreza o vulnerabilidad”.

Ahora, lo alarmante es que esos 9 millones de pesos diarios son prácticamente nulos, ante la cantidad de personas en situación vulnerable, ya que, paralelamente, la Encuesta Intercensal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer que en México hay alrededor de 9 millones 266 mil 211 hogares que son dirigidos por una mujer.

Retroceso de 10 años

En los últimos años se ha destacado el grado en el que se ha mantenido la brecha laboral, a fin de tomar acciones para disminuirla. Sin embargo, la pandemia la reforzó, retrocediendo más de una década en los avances logrados, expone el Informe Especial COVID-19 No. 9: La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

A ese contexto se suma que la informalidad conlleva consecuencias como una alta tasa de desempleo y una menor productividad. Esto se traduce en un menor crecimiento económico, que no se daría “si las mujeres participaran en la fuerza laboral a la misma tasa que los hombres, ya que el ingreso per cápita sería 22% más alto”, puntualizan Gabriela Inchauste y Ayslin Isik-Dikmelik.

“Algunos países han tenido éxito con programas de transferencia que ayudan a que las trabajadoras independientes reinicien sus negocios, ya que los sectores con alta participación laboral de mujeres son más propensos a verse afectados negativamente debido al distanciamiento social”, señalan las economistas.

Por ello, sugieren respaldar los negocios encabezados por mujeres, ya que apoyar su participación permitirá que haya una reactivación más pronta e inclusiva.

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